miércoles, 22 de mayo de 2019

Anita o La Tragedia de las partes en el Teatro El Tinglado




(Buenos Aires)

Se realizó hoy la función para prensa e invitados de Anita o La tragedia de las partes, escrita y dirigida por Luis Longhi en el Teatro El tinglado.
El personaje de Ana o Anita como le dicen sus amigos, interpretado por Maia Francia, es una chica que pertenece a una burguesía y tiene sus necesidades materiales cubiertas. Anita  interactúa con los otros personajes en relaciones que llegan hasta el odio y la crueldad. Se sabe que algunas relaciones pueden ser muy dañinas y destructivas. Cada relación que tiene Anita con uno de sus amigos llega al límite.
Pero el espectador no sabe si Anita está fingiendo cada vez que uno de los personajes sale de escena y aparece otro, porque nada es como parece.
Con reminiscencias de la obra de Roberto Arlt, Saverio el cruel, estrenada en 1936 en el Teatro del pueblo, donde Susana, es también una mujer de una clase social acomodada que quiere divertirse con sus amigos  a costa de un humilde vendedor de manteca, Saverio, al que convencen de la locura de Susana y para curarla él debe interpretar a un coronel al que van a guillotinar.
Pero Saverio toma muy en serio el rol encomendado. Tanto en Anita o La tragedia de las partes como en Saverio el cruel, el tema es el poder y el deseo de someter al otro, a costa de lo que sea.
“La historia de Saverio es en realidad la de un pobre infeliz que se descontrola por la fantasía de ser un dictador omnipotente, desde su mísera pieza de pensión, y concluye reconociendo: “ya que soñé con ser semejante a un Hitler, a un Mussolini, comprendo que todas estas escenas sólo pueden engañar a un imbécil”. (1)
Hay una crítica social en las dos obras, ya que el poder adquisitivo y la falta de escrúpulos del personaje de Anita y el de Susana, las decide a hacer víctimas de una mala pasada al personaje elegido sin medir las consecuencias.
Anita es una intelectual además de burguesa que desprecia a los que trabajan por un sueldo y no tienen otras ambiciones - porque tal vez no tienen tiempo para pensar más que en ganarse el sustento  - o no estudian como ella. Trata a los demás como si fueran marionetas.
Tanto la desconfianza y consecuente necesidad de someter a los seres y a los sentimientos a pruebas objetivas es una constante en la temática de Roberto Arlt.
En esta  obra de Luis Longhi, se pone en escena un drama con una temática vigente, donde la música en vivo  de un cuarteto de cuerdas acompaña el trabajo actoral.
Con muy buenas actuaciones de Maia Francia, Pablo Sórensen, Maria Viau, y Sebastián Politino.

Bibliografía:

 (1) Mirta Arlt y Omar Borré, Para leer a Roberto Arlt, Torres Agüero editor, Buenos Aires, 1984


“Anita o La tragedia de las partes” es una historia de amor que termina mal o quizá termina bien, esto varía según quién saque la conclusión final. Tres amigos manipulando hasta límites insospechados un destino evitable. La mente perversa de una chica de la high society, criada en la abundancia, con su vida material resuelta, que vive en un mundo paralelo al de la gente común. Anita manipula, Anita engaña, Anita pervierte el orden establecido. 
Teatro: El Tinglado – Mario Bravo 948 – Tel. 011 4863-1188
Funciones: sábados a las  18

Ficha técnica
Elenco: Maia Francia, Pablo Sórensen, Maria Viau, Sebastián Politino
Autor y Dirección: Luis Longhi
Músicos en vivo: Nicolas Muñoz, Esteban Fioroni, Valter Izzo y Luz Merlo
Dirección Musical y Música Original: Juan Ignacio Lopez  
Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Dana Taicher
Producción general: BACS PRODUCCIONES 
Prensa: TEHAGOLAPRENSA

El arte es verdad pero también es engaño. El teatro es convención pero también es una trampa en la que cada una de las partes, el que lo genera y el que lo recibe, aceptan y establecen una serie de engaños normativos. Ya desde lo dramatúrgico “Anita o La tragedia de las partes” exacerba los preceptos antes señalados hasta el punto de prever que su contemplación escénica resulte profundamente perturbadora. Y esta idea tan claramente expresada desde lo textual será el motor que desgrane teatral, plástica y musicalmente nuestro espectáculo. Por eso, más allá de los artificios preestablecidos, nuestro mecanismo estará tan pendiente de la verdad escénica, como de los engaños a los que vamos a someter al espectador. El espectador es la parte del engranaje fundamental del hecho teatral, sin espectador no hay obra, sin predisposición del espectador no hay intercomunicación, no hay ida y vuelta,  tampoco si desde el escenario no se le proponen gestos teatrales que capten su atención. Nosotros vamos a penetrar la mente y el corazón del espectador antes de que se siente en su butaca, por eso la música vendrá (ejecutada en vivo por un Cuarteto de cuerdas) desde antes que se dé sala. Vamos a inundar al espectador de sentido teatral, musical y plástico. Lo vamos a avasallar de sentidos. Y además vamos a lograr que se excite sexualmente sin desnudos, sin besos, sin abrazos. Lo sexual va a estar sin estar. Vamos a engañar al espectador. Vamos a confundirlo. Vamos a manipularlo. Lo vamos a llenar de música hipnótica, bella, sensual, dramática, sugestiva. Pero además vamos a invadirlo visualmente, plásticamente. Esta obra va a ser un cuadro en movimiento. Un cuadro con música. Un cuadro con música, alma y vida. La mente de Anita marca el rumbo. De la cabeza de Anita salen ideas perversas pero también música, será la música la que marque el latido de esta obra.
El punto de vista que en principio se establece no será tal al finalizar el espectáculo. Será nuestra vil intención que todo ángulo de acción y de comprensión de lo manifestado evolucione vertiginosamente hacia caminos insospechados. Casi sin advertirlo el espectador quedará encerrado en las mismas dudas y paradojas que el personaje al que se le tiende una trampa inaudita e inesperada. Lo teatral quedará atrapado dentro de lo teatral. La crudeza e inteligencia del personaje central es el nudo a desentrañar para intentar llegar a buen puerto, para lograr que el espectador se sorprenda tanto como el personaje engañado. El arte dentro del arte. El teatro dentro del teatro. Lo plástico, desde lo no figurativo y abstracto de la pintura, también adentro de la misma bolsa. Y ni que decir de la música. Estructuraremos nuestro dispositivo escénico según el suceder de un Cuarteto de cuerdas compuesto para la ocasión y ejecutado en vivo. El espíritu de cada uno de sus cuatro movimientos es exactamente el criterio con el que avanza dramáticamente nuestro espectáculo estableciendo un orden (y desorden sonoro) desde dos ángulos muy claramente prediseñados y expuestos para que el espectador (nuestro objeto de engaño) entienda sin lugar a dudas los códigos de la generación de ese orden temporal y lúdico. Un tocadiscos como gesto hiperrealista de lo musical y la mente perversa de Anita como gesto simbólico de la misma cosa. Es decir, las artes plásticas, desde las formas de ese loft cuasi oligárquico repleto de arte abstracto; lo musical, con el cuarteto de cuerdas (real) en el mundo imaginario de Anita, y lo teatral, que surge de esta rara alquimia en movimiento. El dolor que padece Anita, que genera Anita, tendrá la belleza y el dolor que sólo son capaces de trascender a través del arte. Del arte dentro del arte.


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